En una oportunidad, sosteniendo una alocución, el señor J. C. Penney dijo: “Muéstrame un obrero con grandes sueños y en el encontrarás un hombre que puede cambiar la Historia. Muéstrame un hombre sin sueños y en el hallarás a un simple obrero”. ¿Qué quiso decir este coloso de la industria de distribución por departamento cuando expreso esta frase? Vamos a llevar esta frase a nuestra vida real en el presente. La historia ha demostrado que los grandes hombres que escribieron e hicieron algo que haya marcado la sociedad han sido considerados en sus respectivas épocas, como personas con una actitud rara, como que estaban fuera de lo que se consideraba “normal”.

Hoy seguimos enfrentando los mismos paradigmas con lo que se media el camino hacia donde supuestamente cada uno debe dirigirse y cómo debe hacerlo. ¿Qué fuera del mundo de hoy, de no haber sido por esos supuestos “locos”? Simplemente continuaríamos en la edad de piedra. Si tú tienes una visión de lo que podría lograr en el futuro, solo tienes que sentarte, dedicarte un tiempo prudente, crear, describir y escribir tu visión, luego debes escribir una fecha para lograrlo y ponerte a trabajar para conseguirlo. Desde que inicie los trabajos en pos de lograr resultados, ya estás persiguiendo un sueño, tu propio sueño. Cuando nos referimos a la palabra “obrero” pensamos inmediatamente en alguien dedicado a trabajos pesados, de baja paga, o a trabajos quizás no muy limpios, sin embargo, según la definición de la palabra obrero todos lo somos, pues en todo tipo de trabajo que realizamos está envuelta la parte manual, especializada o no. Todos somos obreros de nuestras profesiones o de nuestros trabajos, sin importar el nivel en que nos estemos desenvolviendo ni el tipo de trabajo que realizamos.

Lo importante aquí es lo siguiente: No importa lo que estés haciendo ahora, no importa tu nivel de educación, no importa para quien estas trabajando ahora, ni lo que ganas o no; no importa nada de esto si no tiene claro en tu interior lograr algo en tu vida que te daría mucha satisfacción, que te impulse a moverte hacia adelante, que te haga tirar de la cama con alegría cada día, que te provoque disfrutar de cada paso que estás dando, que te haga sentir que realmente estas vivo. Sin importar lo que haces, tiene la alternativa de trazarte tus propias metas, no importa lo locas que puedan parecerle a otros, pues el trabajo tienes que hacerlo tú para que puedas ver resultados; de ti depende la clasificación de “obrero” que quieres darte, si de un simple obrero dedicado a lo que está haciendo solo por el dinero suficiente para sobrevivir, o si deseas ser diferente a los que lo hacen por esta motivación; de ti depende si quieres desarrollar diferentes niveles o si deseas convertir tus esfuerzos en dados mortíferos que dan en el blanco del camino hacia el logro de tus sueños, sin importar lo que piensen los demás, convirtiéndote así en un obrero especializado, o si simplemente deseas continuar siendo un “simple obrero”.

Todas los grandes hombres y mujeres que hemos tenido a través de la historia y que han aportado grandes cosas a la humanidad han tenido que enfrentar las criticas, más negativas que positivas para desarrollar sus proyectos y convertir sus sueños en realidad, de personas que no han logrado ningún desarrollo en sus propias vidas. La diferencia ha sido que esos “locos” aportaron a la humanidad todo lo que hoy están disfrutando los acusadores. Ellos lograron convertir sus sueños en una realidad que todos estamos hoy disfrutando mientras que los críticos aun están tratando de dormir para soñar con algo, aunque sea una pesadilla, la cual están viviendo cada día de su vida. Es por eso que J. C. Penney prefería un obrero “loco” con sueños y no a uno “cuerdo” sin sueños.

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